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MAXILOFACIAL Y ODONTOLOGÍA

Urgencias maxilofaciales.
1.
Introducción
2.
Traumatismos faciales
2.1 Concepto y clasificación
2.2 Diagnóstico
2.2.1 Evaluación clínica
2.2.2 Evaluación radiográfica
2.3 Tratamiento
2.3.1 Tratamiento de urgencia primario
2.3.2 Tratamiento de urgencia secundario
2.3.3 Tratamiento temprano de las lesiones faciales
2.3.4 Tratamiento diferido o tardío de las fracturas faciales
3.
Infecciones maxilofaciales
3.1  Anestesia local
3.2  Vía aérea
3.3  Complicaciones: diseminación loco-regional
3.4  Tratamiento
4.
Bibliografía

1. INTRODUCCIÓN

La traumatología y las infecciones de la cara configuran la patología maxilofacial con mayor demanda de atención urgente. Las fracturas y/o heridas de la cara representan el 60% de las urgencias maxilofaciales, mientras que las infecciones significan un 20% del total de las consultas urgentes que afectan a nuestra especialidad.

Alrededor del 25% de los enfermos con traumatismo facial presentan asociado algún otro tipo de traumatismo que, en muchas ocasiones, puede resultar menos llamativo pero de peores consecuencias para la vida del enfermo.

En la sociedad en la que vivimos, caracterizada por su progresiva industrialización y motorización, la frecuencia de los traumatismos faciales se ha visto incrementada debido en parte a la exposición y falta de protección de la cara. Las estadísticas europeas demuestran cómo desde los años sesenta no sólo se ha ido produciendo un aumento cuantitativo en el número de las fracturas de nuestro territorio, si no que también se han ido originando modificaciones cualitativas: las fracturas múltiples y complejas (panfaciales), han ido incrementado su frecuencia. En nuestro medio, la incidencia de las fracturas quirúrgicas de la cara es de 17 casos/100.000 habitantes y año, apreciándose cómo en los últimos 5 años el número de casos parece haber remitido en su histórica progresión. Similares resultados han sido apuntados en otras series, y constituyen un reflejo de los poderosos condicionantes que influyen en la epidemiología de la traumatología facial. La obligatoriedad del cinturón de seguridad y del casco en automóviles y motos, la aparición del air-bag, las variaciones en los límites de velocidad de circulación son, junto a las características socioeconómicas del país o de la región que se considere, elementos clave para interpretar la frecuencia y los tipos de las fracturas faciales. Alrededor del 80% de los traumatismos faciales son consecuencia de los accidentes de circulación y de las agresiones, representando los accidentes deportivos, laborales y las caídas casuales el 20% restante.

El predominio por el sexo masculino es incontestable en la mayoría de las series, afectando, por lo general, a pacientes jóvenes (18-36 años).

Entre el 66% y el 32% de los pacientes politraumatizados presentarán alguna lesión facial, volviendo a insistir en la necesaria evaluación craneal, cervical, abdominal y torácica que debe acompañar a toda fractura de la cara. Pese a ello, los errores en el diagnóstico se producirán en el 12% de las víctimas por accidentes de tráfico, y en el 23% de los accidentes causados por motocicletas.

La infección en el territorio cérvico-facial suele tener como causa originaria un foco dentario (caries avanzada con necrosis, periodontitis, pericoronaritis, fracturas dentarias), por lo que la denominada infección odontogénica representa la mayor fuente de las denominadas celulitis faciales. En menos ocasiones el foco infeccioso es ajeno a los dientes y deberá pensarse en una infección cutánea (foliculitis, quiste sebáceo infectado, herida infectada), glandular (submaxilitis, parotiditis), o de causa otorrinolaringológica o traumatológica (fracturas mandibulares infectadas). En casos esporádicos no es posible identificar la causa del proceso.

Ninguna infección odontogénica alcanzará su resolución definitiva si no se actúa sobre el diente causante. Por ello, una vez superada la fase aguda es preceptiva la actuación (exodoncia, conductometría, quistectomía, etc.) sobre el diente causante del mismo.

En el ecosistema oral se puede reconocer la existencia de hasta 264 morfotipos microbiológicos diferentes, variando su composición y características con la edad, higiene oral, tipo de nutrición, composición salival, ingesta antibiótica y estado inmunitario. El 62% de las infecciones odontogénicas son producidas por una flora polimicrobiana mixta (aerobios y anaerobios). En el 28% de los casos sólo se identifican gérmenes anaerobios, y en el 4% sólo es posible el aislamiento de gérmenes aerobios. En las infecciones cutáneas el Staphylococcus epidermidis (foliculitis, forúnculo, ántrax) y el Streptoccocus -ß hemolítico (impétigo, erisipela, fascitis necrotizante) suelen ser los gérmenes responsables.

La edad de presentación de las infecciones maxilofaciales manifiesta dos picos, (entre los 20-30 años, y por encima de los 45), debiendo resaltar el hecho de que en los pacientes de menor edad (por debajo de los 14 años), la participación del Haemophilus influenzae en las infecciones del maxilar superior es relativamente frecuente, lo que justifica el empleo de cefalosporinas como antibiótico de elección.

No se reconoce una clara predilección sexual, aunque muchos trabajos coinciden en la existencia de un ligero predominio por el sexo masculino.