3.2.1 Infecciones urinarias bajas
Se incluyen en ellas todas aquellas infecciones
urinarias que no afectan, por el momento, al parénquima renal. Constituyen
el grupo de mayor frecuencia y precisan un tratamiento adecuado que
cure las molestias del paciente y evite su diseminación, precisamente,
a las estructuras renales.
Dentro de estas se pueden reconocer las
siguientes entidades clínicas. Cada una de ellas ofrece una particular
expresividad y requiere un diferente enfoque terapéutico.
Uretritis aguda
Cistitis aguda
Prostatitis aguda
Uretritis
aguda
Obedece a una infección de transmisión
sexual. Los gérmenes que más frecuentemente las provocan son: gonococo,
clamydias y trichomonas.
Clínicamente cursan con
molestias uretrales traducidas en forma de dolor, escozor o prurito.
A lo anterior puede añadirse síndrome miccional (polaquiuria, sensación
de micción imperiosa y tenesmo). Suelen acompañarse de secreción supurativa
por el meato de diferente aspecto según el germen causante.
En la exploración puede observarse enrojecimiento y
edema a nivel del meato urinario. La expresión uretral, siempre aconsejada,
suele ir seguida de la emisión de supuración de aspecto amarillento
que es más típica de la infección por gonococo. En las restantes puede
no existir. En la mujer los síntomas pueden ser mas confusos.
El diagnóstico de certeza se realiza mediante el examen
y cultivo del exudado.
El tratamiento de elección en el varón es la administración
de 250 mg de ceftriaxona por vía intramuscular (Rocefalin®)
de una sola vez y por vía oral 100 mg. cada doce horas de doxiciclina
(Vibracina®) durante siete días. En la mujer, se debe comenzar
con 200 mg. de doxiciclina cada doce horas durante siete días.
Cistitis aguda
Traduce la existencia de una inflamación
aguda de la vejiga. Es mucho más frecuente en la mujer y el Escherichia
coli suele ser el germen más frecuente responsable de la infección.
Clínicamente se caracteriza
por un cuadro de molestias miccionales (disuria, polaquiuria, tenesmo
vesical, micción imperiosa, incontinencia urinaria ). La orina puede
aparecer turbia e incluso con hematuria. No suele producirse síndrome
febril ni cuadro general. En la anamnesis hay que descartar otras causas
que pueden provocar la cistitis - no infecciosas - (radioterapias previas,
irritantes químicos, deficiencia de estrógenos, tumorales, etc).
La exploración clínica no tiende a arrojar datos evaluables.
El diagnóstico se realiza mediante el examen del sedimento
y la detección del germen por urocultivo.
El tratamiento ideal pasaría por no realizarlo hasta
obtener la identificación del germen que ha provocado el cuadro y su
comportamiento frente al antibiograma. No obstante, en la mayoría de
las ocasiones, la premiosidad de las molestias hace tener que tomar
una actitud terapéutica una vez ya obtenida la muestra del análisis.
Al respecto caben tres pautas:
Fosfomicina trometamol en dosis única o pauta corta (Monurol®
3 g, 1 ó 2 sobres administrados en un intervalo de 24 h.), ó 3 gr. de
amoxicilina en dosis única oral (Ardine®, 3 sobres de un gramo), o Trimetoprinsulfametoxazol
en dosis única de 320 y 1600 mg respectivamente (2 comprimidos de Septrim
Forte® o 4 de Septrim®).
Este tratamiento sería el indicado para
mujeres sin patología de base, en las que no se supusiera afectación
orgánica del tracto nefrourinario y en edad fértil.
En los casos restantes, un esquema práctico vendría dado por la administración
oral de trimetoprim-sulfametoxazol 160+800 mg cada doce horas durante
siete días, o amoxicilina+clavulánico a dosis orales de 500 mg. cada
ocho horas durante siete días, o norfloxacino por vía oral a dosis de
400 mg. cada doce horas.
Todos estos casos pueden y deben de ser asumidos, controlados y reevaluados
tras el tratamiento por el médico de Atención Primaria. Las bacteriurias
asintomáticas no precisan tratamiento, salvo en el niño y en la gestante,
y deben de ser observadas en diferentes controles periódicos.
La aparición de más de tres cuadros repetidos en un año (en la mujer)
o la mala respuesta al tratamiento debe de motivar consulta al Urólogo
al objeto de detectar la presencia de anomalías orgánicas.
Los pacientes con alto riesgo y afectación general deben de ser remitidos
al Servicio de Urgencias del hospital para su valoración.
Prostatitis
aguda
Es un cuadro generalmente plurisintomático
que se suele presentar en varones adultos jóvenes y que obedece a la
inflamación de la próstata por cualquiera de los gérmenes habituales
que crecen en el medio urinario aunque con mayor frecuencia E. coli
y Klebsiella suelen ser los responsables. El cuadro puede tener tendencia
a pasar a la cronicidad o a desarrollar abcesos prostáticos.
Clínicamente el paciente
se encuentra afectado, transmitiendo sensación de enfermedad grave.
Suele existir fiebre y un vago cortejo sintomático de molestias miálgicas,
dolor lumbar, muchas veces irradiado a testículo o cara interna del
muslo y, sobre todo, sensación de peso en región perineal. El cuadro
puede acompañarse de molestias miccionales del tipo de la polaquiuria
y sensación de micción imperiosa. Más raramente puede aparecer retención
urinaria o hematuria.
En la exploración clínica lo más llamativo es el tacto
rectal que debe realizarse con muchas precauciones para evitar una diseminación
bacteriana del proceso que hasta entonces estaba localizado. Es habitual
encontrar una próstata aumentada de tamaño, muy dolorosa, blanda y tumefacta
cuya expresión provoca la emisión de líquido que debe ser cultivado.
No está aconsejado realizar masaje prostático.
La analítica general puede demostrar leucocitosis con desviación izquierda.
La analítica urinaria y de la secreción prostática muestran el germen
responsable.
El tratamiento pasa por la asunción de una serie de
medidas generales (reposo en cama, baños de asiento e ingestión abundante
de líquidos). Hay que combatir el cuadro febril mediante la administración
de paracetamol. Está aconsejado el uso de un antiinflamatorio (diclofenaco
sódico - Voltaren®) por vía oral a dosis de 50 mg. cada 8 horas.
A lo anterior hay que añadir pauta antibiótica. Se pueden emplear dos
esquemas:
a) Aminoglucósido + trimetoprim-sulfametoxazol : Netilmicina
(Netrocin®) a dosis de 150 mg. intramuscular cada doce 12 horas,
durante siete días asociada trimetoprim-sulfametoxazol, 80-400 mg. orales
cada doce horas durante cuatro semanas.
b) Ofloxacino (Tarivid®), 200 mg. orales durante
cuatro semanas.
El paciente debe de ser remitido a la consulta
del urólogo para su seguimiento y estudio.