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UROLOGÍA.

Urgencias urológicas en atención primaria.
0.
Introducción
1.
Hematuria
1.1 Historia Clínica
1.2 Aproximación topográfica del sangrado
1.3 Exploración Clínica
1.4 Exploraciones complementarias
2.
Retención urinaria
3.
Infección urinaria
3.1 Concepto. Terminología
3.2 Clasificación
3.2.1 Infecciones urinarias bajas
3.2.2 Infecciones urinarias altas
4.
Cólico nefrítico
5.
Otras urgencias urogenitalies en el varón
5.1 Parafimosis
5.2 Síndrome del escroto agudo
6.
Bibliografía

4. Cólico nefrítico.

También denominado crisis renoureteral o cólico pieloureteral. Es uno de los cuadros más frecuentes de urgencias dentro de la patología urológica, y de los más dolorosos por lo que requieren una pronta asistencia.

Como tal se define al cuadro doloroso originado por una dilatación súbita del tracto urinario producida por el paso de un cuerpo sólido en su recorrido hacia el exterior (generalmente un cálculo, coágulo sanguíneo o fragmento desprendido de la papila renal).

Su expresividad dolorosa es proporcionalmente más importante según la rapidez de instauración de la dilatación. Así, dilataciones crónicas por obstrucción progresiva extrínseca o intrínseca, pueden pasar desapercibidas siendo hallazgos casuales, y obstrucciones momentáneas, en su fase aguda, pueden desencadenar dolor muy intenso.

Clínicamente el cuadro suele ser de instauración rápida, sin aparentes pródromos. Debuta con dolor intenso, muchas veces definido en forma de “garra” que se localiza en la fosa renal afecta. Cuando la causa radica en la parte superior, el dolor tiende a irradiarse hacia la zona genital de ese lado (escroto en el hombre y labios mayores en la mujer). Si el problema afecta al tramo del uréter medio, la irradiación dolorosa suele hacerse hacia el hemiabdomen inferior y zona inguinal, y si lo es a nivel de los tramos ureterales inferiores, tiende a localizarse en la zona suprapúbica e, incluso, a nivel del meato urinario. En todos los casos suele acompañarse de sintomatología miccional (disuria, polaquiuria, tenesmo vesical, etc). Así mismo es frecuente la aparición de un gran cortejo vegetativo (náuseas, vómitos, sudoración profusa, etc). No suele existir síndrome febril asociado y su presencia debe hacer pensar en infección renal asociada o producida por la obstrucción.
En la anamnesis conviene valorar los antecedentes del paciente (antecedentes familiares y personales de urolitiasis, malformaciones de la vía urinaria, episodios previos, enfermedades asociadas, etc).
En la exploración clínica encontramos al paciente nervioso y agitado con dificultad para mantener el decúbito. El único dato valorable suele ser la puñopercusión renal que es muy positiva.
En las exploraciones complementarias que puede realizar el médico de atención primaria, el dato más relevante es la existencia de una microhematuria (que se puede apreciar con una tira reactiva). Si se dispone de laboratorio debe de solicitarse hemograma completo, bioquímica con urea, creatinina y electrolitos.
La radiografía abdominal simple puede ofrecer la visualización de sombras hiperdensas a cualquier nivel del tracto urinario. Su inexistencia no invalida el diagnóstico tanto en cuanto la radioopacificidad del cálculo depende de su contenido en sales cálcicas, lo que ocurre con los coágulos, y cálculos de cisteína o ácido úrico.
El diagnóstico diferencial debe de realizarse con todos aquellos procesos de origen enal que cursan con dolor a este nivel (trombosis de la vena renal, pielonefritis aguda, hematoma renal traumático, etc), así como con procesos extrarrenales que puedan simular esta sintomatología (abdomen agudo, disección de la aorta, etc).A nivel de atención primaria el tratamiento de inicio debe establecerse con una de estas pautas:
— Diclofenaco sódico (Voltarén®) una ampolla intramuscular. Es útil por su efecto antiinflamatorio que produce relajación de la musculatura lisa ureteral por inhibición de las prostaglandinas. Tambien se puede utilizar el ketorolaco trometanol (Tonum®, Droal®, Toradol®) en dosis de una ampolla de 30 mg. por vía intramuscular.
— Metamizol magnésico (Nolotil®) una ampolla intramuscular.El tratamiento debe de completarse con medidas generales (abundante ingesta hídrica de por lo menos 3-4 litros/día, aplicación de calor local mediante manta eléctrica o bolsa de agua caliente, baños de agua muy caliente, etc). No está de más continuar tratamiento ambulatorio con diclofenaco por vía rectal (Voltarén®, un supositorio cada doce horas) o ketorolaco por vía oral (Toradol®, Droal® o Tonum®, un comprimido cada ocho horas) siempre que la tolerancia gástrica sea aceptable.

En todos los casos el paciente debe de ser remitido a consulta diferida de Urología para estudio posterior.

Deben de remitirse al Servicio de Urgencias hospitalario aquellos casos en que tras aplicar el tratamiento anterior no se obtenga una mejoría relevante, o cuando se produzcan recidivas en corto espacio de tiempo. Así mismo serán criterios de ingreso, la sospecha de uropatía obstructiva o de infección renal.