RESISTENCIAS BACTERIANAS

El nivel de resistencia bacteriana a los antibióticos es uno de los parámetros a considerar para la realización de un uso racional de antibióticos y uno de los principales criterios utilizados por el personal médico en la elección de un tratamiento antibiótico. La mala utilización de antibióticos, por la elevada automedicación y el incumplimiento terapéutico, así como el consumo reiterado de antibióticos, generan la aparición de resistencias bacterianas.

Según las recomendaciones del CDC (Centro de Control de Enfermedades de Atlanta, USA), en su campaña de prevención de resistencias antimicrobianas dirigida a clínicos (Center for Disease Control and Prevention “Prevent antimicrobial resistance. A campaign for clinicians”) y, según indica la Asociación Americana de Enfermedades Infecciosas (IDSA), para recomendar un antibiótico como alternativa de primera elección en el tratamiento empírico de las infecciones urinarias bajas, sólo se consideran válidos aquellos antibióticos en los que la prevalencia de resistencias del principal uropatógeno (E.coli) no supera el 10-20%.

Los antibióticos con niveles de resistencia superiores a 10-20% deberían descartarse como alternativas de primera elección y prescribirse sólo cuando se tenga la confirmación, por antibiograma, de la sensibilidad del patógeno aislado.

La resistencia antibiótica de uropatógenos es un problema en nuestro medio. En España los resultados de estudios multicéntricos indican una alta prevalencia de resistencia de E. coli a aminopenicilinas (ampicilina y amoxicilina) (>50%), lo que invalida su uso como tratamiento empírico. La tasa de resistencia a cotrimoxazol es también elevada, del 20-30%, lo que aconseja que en general deba obviarse como terapia empírica.

Desde principios de los años 90 hemos asistido a un continuo aumento de la resistencia de los uropatógenos, y principalmente de E. coli, a las floroquinolonas usadas en infecciones urinarias (norfloxacino, ciprofloxacino y otras).

Actualmente la tasa de resistencia de cepas de E. coli de urocultivos a fluoroquinolonas oscila entre el 15-30%. Sin embargo, es muy probable que estos datos estén sesgados, ya que los laboratorios de microbiología no reciben muchas muestras de orina de infecciones urinarias no complidas (se tratan de forma empírica y en general evolucionan bien) pero sí reciben un tanto por ciento importante de muestras de orina de recurrencias y de infecciones complicadas, en las que se aíslan las bacterias más resistentes.

Amoxicilina/clavulánico y nitrofurantoína muestran una buena actividad in vitro, aunque en el caso de amoxicilina/clavulánico un importante tanto por ciento de los aislados presentan sensibilidad intermedia, y cefixima presenta una excelente actividad.

Otro antibiótico oral con excelente actividad in vitro es fosfomicina; más del 97% de las cepas de E. coli que se aíslan actualmente de orina son sensibles a este antibiótico, que además presenta la ventaja de usarse en dosis única facilitando así el cumplimiento del tratamiento y dificultando, por tanto, la selección de resistencias por incumplimiento terapéutico.

Figura 6: Evolución de la tasa de resistencias antibacterianas de cepas de E.coli aisladas en infecciones urinarias comunitarias de pacientes de las distintas comunidades de España.

Figura 7: Evolución de la tasa de resistencias antibacterianas de cepas de E.coli aisladas en infecciones urinarias comunitarias de pacientes de las distintas comunidades de España.

Son muchos los estudios que confirman la potente y persistente actividad de fosfomicina, administrada en dosis única como fosfomicina trometamol, frente a los patógenos urinarios, principalmente E.coli. Si se tiene en consideración el amplio uso del antibiótico, que lleva en el mercado español casi 15 años, es importante determinar y conocer por qué la resistencia de E.coli a fosfomicina continúa siendo tan infrecuente.

Las respuestas son múltiples y definen un perfil favorable de fosfomicina trometamol:

  • En la práctica clínica el uso terapéutico de fosfomicina trometamol se limita al tratamiento de las infecciones urinarias bajas no complicadas. A diferencia de las quinolonas no es un antibiótico de uso habitual en alimentación animal). Además su pauta terapéutica (dosis única o pauta corta de 2 dosis separadas por tres días) asegura el cumplimiento terapéutico y limita el riesgo de fracasos y la selección de cepas bacterianas resistentes.
  • Las resistencias a fosfomicina se adquieren, en la mayoría de los casos, mediante mutaciones cromosómicas que no se extienden con facilidad a otros microorganismos. La expresión por plásmidos es muy rara (<2%). A diferencia de las fluorquinolonas o de cotrimoxazol, la flora fecal del ser humano no alberga cepas resistentes después de un periodo de tratamiento corto.
  • Su acción bactericida y su capacidad para inhibir la adhesión bacteriana y la formación del Biofilm de E.coli, favorecen la erradicación y eliminación de todas las cepas bacterianas presentes en el tracto urinario,
  • Otra característica que contribuye a dificultar la selección y difusión de clones de E.coli resistentes son las elevadas concentraciones urinarias (>2.500 µg/ml), alcanzadas tras administrar una dosis única de 3gr, que permiten erradicar rápidamente a todos los uropatógenos reduciendo las posibilidades de selección de mutantes resistentes.

Recomendaciones para el control de resistencias. Uso racional de antibióticos en Atención Primaria

Es preciso evitar las resistencias microbianas fomentando el uso racional de antibióticos.
Entre las recomendaciones más comunes y generales para evitar la aparición de resistencias son necesarias prácticas de sentido común, como emplear ciertos tratamientos únicamente cuando sean necesarios y sobre todo hay que tener en cuenta que la práctica que más resistencia genera es la de dar pequeñas dosis durante largos periodos. También es necesario optimizar el uso de cada antibiótico con datos teóricos sobre su sensibilidad y su eficacia, ya que las resistencias están provocando el uso de mayores dosis, lo que hace que los márgenes de seguridad terapéutica se estén estrechando y que sea necesaria una monitorización.

Para el control de resistencias y uso racional de antibióticos pueden seguirse las recomendaciones del CDC que a continuación se enumeran y adaptan (Center for Disease Control and Prevention. “Prevent antimicrobial resistance: A campaign for clinicians”).

En: www.cdc.gov/drugresistance/healthcare.), así como otras añadidas a la lista:

1. Realizar un diagnóstico correcto. El uso racional de los antibióticos pasa por un diagnóstico adecuado para tratar sólo las infecciones de etiología bacteriana eliminando hábitos de prescripción incorrecta. Para ello es necesario un correcto conocimiento de la etiología más probable y de la sensibilidad a los antibióticos de los posibles patógenos implicados en esa infección, para usar con seguridad los más eficaces, ateniéndose a las recomendaciones de guías clínicas basadas en la evidencia.

2. Conocer la etiología de la IU (E. coli en más del 70% de los casos)

3. Analizar periódicamente el estado de las sensibilidades a antibióticos.

4. Aplicar la pauta terapéutica más adecuada:

  • Antibiótico de fácil administración (oral)
  • Posología cómoda. Las dosis unitarias se proponen como medida para evitar la automedicación y para mejorar el uso de antibióticos.

5. Elegir el antibiótico en base a criterios racionales:

  • Baja prevalencia de resistencia (<10-20%)
  • Facilite el cumplimiento terapéutico
  • Elevada tolerabilidad
  • Baja toxicidad
  • Eliminación urinaria alta y mantenida

6. Evitar el incumplimiento terapéutico que favorece el desarrollo de resistencias. En el tratamiento de la IU el cumplimiento terapéutico depende de varios factores, entre ellos su duración. Generalmente el cumplimiento es bueno los primeros días de tratamiento, porque la sintomatología de esta enfermedad es muy molesta, pero cuando desaparecen los síntomas, a los 2 o 3 días, es probable que el paciente abandone el tratamiento.

La elección de un antibiótico de pauta corta y con el mínimo número de dosis diarias contribuye al cumplimiento íntegro del tratamiento. Por el contrario, la administración en pauta larga implica un mayor riesgo de abandono cuando el paciente experimenta mejoría y desaparecen los síntomas de la infección, aunque ésta realmente todavía no esté curada. En estos casos el abandono del tratamiento antibiótico favorece la selección de resistencias bacterianas, por lo tanto se hace necesario informar a los pacientes de los riesgos que implica el incumplimiento terapéutico insistiendo en que es muy importante cumplir íntegramente el tratamiento..

7. Evitar la automedicación del paciente con antibióticos. La automedicación y el uso inadecuado de antibióticos genera fracasos terapéuticos y favorece la selección de resistencias, originando un problema de difícil solución. Para reducir la automedicación y el abuso de antibióticos es importante que el médico informe al paciente acerca de su enfermedad y de la antibioticoterapia que le prescribe, pero también de los riesgos que conlleva el uso reiterado de los antibióticos: resistencias, pérdida de eficacia, etc.

8. Diversificación en el uso de antibióticos

9. Tratar infección, no colonización

10. Tratar infección, no contaminación

11. Tratar el tiempo necesario para que se cure, no prolongar innecesariamente los tratamientos.

Es necesario que médicos y farmacéuticos conozcan los antibióticos, su manejo e indicaciones y la trascendencia individual y social de su utilización, para conseguir evitar la prescripción incorrecta y la dispensación irresponsable

Por la elevada tasa de resistencias antibacterianas que se registran en España, también se hace necesario intensificar la educación sanitaria dirigida a la población. La educación de los pacientes y de la población en general pasa por evitar la automedicación concienciándoles de la importancia de cumplir estrictamente el tratamiento antibiótico. Para conseguir reducir la selección de resistencias es necesario promover cambios importantes de las prácticas sociales y eso incluye reducir el uso de los antibióticos, tanto en la medicina humana como por parte de la industria alimentaria y agropecuaria.

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